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Es un libro clásico sobre la psicología de las masas a nivel sociológico y político, pero no es aplicable a los mercados financieros, salvo si se extrapola, de forma un tanto forzada, el comportamiento de las revoluciones con los momentos de pánico y euforia en los mercados.
Teniendo en cuenta que fue redactado en 1895, basado en la Revolución Industrial Francesa y perfecto descriptor de los acontecimientos que permitieron el ascenso de gran parte de las dictaduras fascistas en Europa durante los años veinte, puede ser una lectura agradable para hacer
"La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado. Pero, desde el punto de vista de los sentimientos y de los actos que los sentimientos provocan, puede, según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionada".
Como en la teoría de conjuntos, la masa es más que la simple adición de los individuos que la componen. "Es así –escribe Le Bon–, que podemos ver como un jurado dictaría un veredicto que cada uno de los miembros desaprobaría individualmente.
Las masas acumulan no la inteligencia, sino la mediocridad. En ellas el instinto siempre prima sobre la razón.
Conocer el arte de impresionar la imaginación de las masas es conocer el arte de gobernar. Napoleón dijo al Consejo de Estado: "Comulgando en público terminé con la guerra de la Vendée; haciéndome pasar por musulmán me establecí en Egipto; con dos o tres declaraciones papistas me ganaré a todos los curas de Italia".
Los únicos cambios importantes, aquellos de los que se desprende la renovación de las civilizaciones, se producen en las opiniones, las concepciones y las creencias. Los acontecimientos memorables son los efectos visibles de los cambios invisibles verificados en los sentimientos de los hombres.
Una civilización implica reglas fijas, una disciplina, el tránsito desde lo instintivo hasta lo racional, la previsión del porvenir, un grado elevado de cultura, condiciones totalmente inaccesibles a las masas, abandonadas a sí mismas. Por su poder exclusivamente destructivo, actúan como aquellos microbios que activan la disolución de los cuerpos debilitados o de los cadáveres. Cuando el edificio de una civilización está carcomido, las masas provocan su derrumbamiento.
¿Sucederá lo mismo con nuestra civilización? Podemos temerlo, pero aún lo ignoramos.
Resignémonos a sufrir el reinado de las masas, ya que manos imprevisoras han derribado sucesivamente todas las barreras que podían contenerlas.
El conocimiento de la psicología de las masas constituye el recurso del hombre de Estado que desee, no gobernarlas (pues ello se ha convertido hoy día en algo muy difícil), sino, al menos, no ser completamente gobernado por ellas.
En su acepción corriente, el vocablo masa, en el sentido de muchedumbre, representa un conjunto de individuos de cualquier clase, sean cuales fueren su nacionalidad, profesión o sexo, e independientemente de los motivos que los reúnen.
Desde el punto de vista psicológico, la expresión masa asume una significación completamente distinta. En determinadas circunstancias, y tan sólo en ellas, una aglomeración de seres humanos posee características nuevas y muy diferentes de las de cada uno de los individuos que la componen. La personalidad consciente se esfuma, los sentimientos y las ideas de todas las unidades se orientan en una misma dirección. Se forma un alma colectiva, indudablemente transitoria, pero que presenta características muy definidas. La colectividad se convierte entonces en aquello que, a falta de otra expresión mejor, designaré como masa organizada o, si se prefiere, masa psicológica. Forma un solo ser y está sometida a la ley de la unidad mental de las masas.
La disolución de la personalidad consciente y la orientación de los sentimientos y pensamientos en un mismo sentido, que son los primeros rasgos de la masa en vías de organizarse, no implican siempre la presencia simultánea de varios individuos en un mismo lugar.
En determinados momentos de la historia, media docena de hombres pueden constituir una muchedumbre psicológica, mientras que centenares de individuos reunidos accidentalmente podrán no formarla.
En determinados momentos de la historia, media docena de hombres pueden constituir una muchedumbre psicológica, mientras que centenares de individuos reunidos accidentalmente podrán no formarla.
El alma de las masas no es fácil de describir; su organización varía, no solamente con arreglo a la raza y la composición de las colectividades sino también según la naturaleza y el grado de las excitaciones a que está sometida.
Las masas tienen diversas características psicológicas comunes con los individuos aislados; otras, por el contrario, no se encuentran sino en las colectividades. Vamos a estudiar primeramente estas características especiales, a fin de mostrar su importancia.
El hecho más llamativo que presenta una masa psicológica es el siguiente: sean cuales fueren los individuos que la componen, por similares o distintos que puedan ser su género de vida, ocupaciones, carácter o inteligencia, el simple hecho de que se hayan transformado en masa les dota de una especie de alma colectiva. Este alma les hace sentir, pensar y actuar de un modo completamente distinto de como lo haría cada uno de ellos por separado.
La masa psicológica es un ser provisional, compuesto por elementos heterogéneos, soldados de forma momentánea, de un modo absolutamente igual a como las células de un cuerpo vivo forman, por su reunión, un ser nuevo que manifiesta características muy diferentes de las que posee cada una de las células que lo componen.
Principalmente, todos los individuos que componen el alma de una raza se asemejan por los elementos inconscientes y difieren, por los elementos conscientes, frutos de la educación pero sobre todo de una herencia excepcional. Los hombres más diferentes entre sí por su inteligencia tienen, en ocasiones, instintos, pasiones y sentimientos idénticos.
Esta puesta en común de cualidades corrientes nos explica por qué las masas no pueden realizar actos que exigen una elevada inteligencia.
El individuo integrado en una masa adquiere, por el mero hecho del número, un sentimiento de potencia invencible que le permite ceder a instintos que, por sí solo, habría frenado forzosamente. Y cederá con mayor facilidad, puesto que al ser la masa anónima y, en consecuencia, irresponsable, desaparece por completo el sentimiento de responsabilidad, que retiene siempre a los individuos.
En una masa, todo sentimiento, todo acto es contagioso, hasta el punto de que el individuo sacrifica muy fácilmente su interés personal al colectivo. La sugestibilidad, cuyo contagio, anteriormente mencionado, no es sino un efecto.
Atentas observaciones parecen demostrar que el individuo, sumergido durante cierto tiempo en el seno de una masa actuante, cae muy pronto en una situación particular, que se aproxima mucho al estado de fascinación del hipnotizado en manos de su hipnotizador.
Aproximadamente, éste es el estado del individuo que forma parte de una masa. Ya no es consciente de sus actos.
Así pues, la desaparición de la personalidad consciente, el predominio de la personalidad inconsciente, la orientación de los sentimientos y las ideas en un mismo sentido, a través de la sugestión y del contagio, la tendencia a transformar inmediatamente en actos las ideas sugeridas, son las principales características del individuo dentro de la masa. Ya no es él mismo, sino un autómata cuya voluntad no puede ejercer dominio sobre nada.
Y así vemos a jurados dictar veredictos que desaprobaría, individualmente, cada uno de los miembros. Reunidos en masa no vacilaron.
Las características de las masas:
1. Impulsividad, movilidad e irritabilidad de las masas
Ya hemos dicho al estudiar las características fundamentales de la masa que ésta es conducida casi exclusivamente por el inconsciente. Sus actos están mucho más influidos por la médula espinal que por el cerebro. Las acciones realizadas pueden ser perfectas en cuanto a su ejecución, pero al no estar dirigidas por el cerebro, el individuo actúa según los azares de la excitación. El individuo aislado posee la aptitud de dominar sus reflejos, mientras no ocurre así en la masa.
En un instante pasan desde la ferocidad más sanguinaria a la generosidad o el heroísmo más absolutos. La masa se convierte con facilidad en verdugo, pero no menos fácilmente en mártir.
Esta movilidad de las masas las hace muy difíciles de gobernar, sobre todo cuando ha caído en sus manos parte de los poderes públicos.
2. Sugestibilidad y credulidad de las masas
Esto explica la rápida orientación de los sentimientos en un determinado sentido. Por neutra que se la suponga, la masa se encuentra generalmente en un estado de atención expectante favorable a la sugestión. La primera sugestión formulada se impone inmediatamente.
San Jorge, en lugar de aparecerse en los muros de Jerusalén a todos los cruzados, seguramente no fue visto más que por uno de los presentes, pero por sugestión y contagio el milagro fue aceptado inmediatamente por todos.
Este es el mecanismo de las alucinaciones colectivas, tan frecuentes en la historia. No es preciso que la masa sea númerosa para que su facultad de ver correctamente quede destruida, siendo los hechos reales sustituidos por alucinaciones que no se relacionan con ellos.
Innumerables hechos demuestran la absoluta desconfianza que debe inspirar el testimonio de las masas.
3. Exageración y simplismo de los sentimientos de las masas
Los sentimientos buenos o malos, manifestados por una masa, presentan la doble característica de ser muy simples y muy exagerados. En este aspecto, así como en tantos otros, el individuo-masa se aproxima a los seres primitivos. Inaccesible a los matices, ve las cosas en bloque y no conoce transiciones. En la masa, la exageración de un sentimiento está fortalecida por el hecho de que, al propagarse muy rápidamente por sugestión y contagio, la aprobación de la que es objeto acrecienta su fuerza de modo considerable.
En las masas, el imbécil, el ignorante y el envidioso se ven liberados del sentimiento de su nulidad y su impotencia, sustituido por la noción de una fuerza brutal, pasajera, pero inmensa.
Al no ser impresionada la masa más que por los sentimientos excesivos, el orador que desee seducirla debe abusar de las afirmaciones violentas. Exagerar, afirmar, repetir y no intentar jamás demostrar nada mediante razonamiento: he aquí los procedimientos de argumentación familiares a los oradores de las reuniones populares.
4. Intolerancia, autoritarismo y conservadurismo de las masas
Al no conocer las masas sino sentimientos simples y extremos, las opiniones, ideas y creencias que se las sugiere son aceptadas o rechazadas en bloque, siendo consideradas como verdades absolutas o errores no menos absolutos.
No teniendo duda alguna acerca de que lo que cree es verdad, o por el contrario, error, y poseyendo, por otra parte, la clara noción de su fuerza, la masa es tan autoritaria como intolerante.
Respetan la fuerza y no les impresiona la bondad, considerada sencillamente como una forma de debilidad.
5. Moralidad de las masas
Las masas son demasiado impulsivas y móviles como para ser capaces de moralidad. Pero si incluimos dentro de dicho término la aparición momentánea de determinadas cualidades, como la abnegación, el desinterés, el sacrificio de sí mismo, la necesidad de equidad, podemos afirmar que, por el contrario, las masas son a veces capaces de mostrar una moralidad muy elevada.
Así pues, las masas, que se entregan con frecuencia a los más bajos instintos, proporcionan también, en ocasiones, ejemplos de actos de una elevada moralidad. Si el desinterés, la resignación, la absoluta entrega a un ideal quimérico o real constituyen virtudes morales, puede afirmarse que, en ocasiones, las masas las poseen en un grado tal que raramente ha sido alcanzado por los más sabios filósofos.
Ideas, razonamientos e imaginación de las masas:
1. Las ideas de las masas
Toda civilización deriva de un corto número de ideas fundamentales, raramente renovadas. Ya hemos expuesto cómo estas ideas se establecen en el alma de las masas; con qué dificultad se introducen en la misma y la potencia que adquieren una vez que han penetrado. Hemos mostrado asimismo que, generalmente, las grandes perturbaciones históricas derivan de los cambios de estas ideas fundamentales.
Pueden dividirse en dos clases. En una, incluiremos las ideas accidentales y pasajeras creadas bajo las influencias del momento: el apasionamiento por un individuo o una doctrina, por ejemplo. En la otra clase se incluyen las ideas fundamentales a las que el medio ambiente, la herencia, la opinión, proporcionan una gran estabilidad, como sucedía antes con las ideas religiosas y en la actualidad con las democráticas y sociales.
Para convertirse en populares, las ideas han de experimentar con frecuencia las más completas transformaciones, ya que sólo son accesibles a las masas tras haber revestido una forma muy simple. Cuando se trata de ideas filosóficas o científicas algo elevadas, se puede comprobar la profundidad de las modificaciones que les son necesarias para descender, de estrato en estrato, hasta el nivel de las masas.
Si es preciso mucho tiempo para que las ideas se establezcan en el alma de las masas, no menos tiempo necesitan para salir de ella. Desde el punto de vista de las ideas, las masas están siempre en unas cuantas generaciones de retraso con respecto a los sabios y filósofos.
2. Los razonamientos de las masas
No puede afirmarse de un modo absoluto que las masas no sean influenciables mediante razonamientos. Pero los argumentos que emplean y los que actúan sobre ellas se muestran en un orden tan inferior, desde el punto de vista lógico, que sólo se les puede calificar de razonamientos por analogía.
Los razonamientos inferiores de las masas, al igual que los elevados, se basan en asociaciones.
Creemos útil añadir que la incapacidad de las masas para razonar las priva de todo espíritu crítico, es decir: de la aptitud para discernir entre la verdad y el error, para formular un juicio preciso.
3. La imaginación de las masas
La imaginación representativa de las masas, al igual que la de todos los seres en los que no interviene el razonamiento, puede ser profundamente impresionada. Hasta cierto punto, las masas se hallan en el caso de un durmiente cuya razón, momentáneamente suspendida.
Por ello, los aspectos maravillosos y legendarios de los acontecimientos son los que más atraen a las masas. Al no poder pensar las masas más que por imágenes, no se dejan impresionar sino mediante imágenes. Sólo éstas las aterrorizan o seducen y se convierten en móviles de acción.
Todo aquello que impresiona a la imaginación de las masas se presenta en forma de una imagen emocionante y clara, desprovista de interpretación accesoria o no teniendo otro acompañamiento que el de algunos hechos maravillosos: una gran victoria, un gran milagro, un gran crimen, una gran esperanza.
Formas religiosas que revisten todas las convicciones de las masas:
Examinando de cerca las convicciones de las masas, tanto en las épocas de fe como en las grandes conmociones políticas, tales como las del último siglo, se comprueba que presentan siempre una forma especial, que no puedo determinar mejor sino dándole el nombre de sentimiento religioso.
Este sentimiento tiene características muy simples: adoración de un ser al que se supone superior, temor al poder que se le atribuye, sumisión ciega a sus mandamientos, imposibilidad de discutir sus dogmas, deseo de difundirlos, tendencia a considerar como enemigos a todos los que rechazan el admitirlos.
Generalmente, la intolerancia y el fanatismo constituyen el acompañamiento de un sentimiento religioso.
Es asimismo una trivialidad inútil repetir que las masas precisan una religión. Las creencias políticas, divinas y sociales no se establecen en las masas sino a condición de adoptar siempre la forma religiosa que las pone al abrigo de discusiones. Si fuese posible hacer adoptar a las masas el ateísmo, tendría todo el intolerante ardor de un sentimiento religioso y, en cuanto a sus formas exteriores, se convertiría rápidamente en un culto.
Factores lejanos de las creencias y opiniones de las masas:
Examinemos ahora cómo nacen y se establecen sus opiniones y sus creencias.
Los factores que determinan dichas opiniones y creencias son de dos órdenes: factores lejanos y factores inmediatos.
Los factores lejanos hacen que las masas sean capaces de adoptar determinadas convicciones y las imposibilitan para dejarse convencer por otras. Preparan el terreno en el que se ve cómo germinan de pronto ideas nuevas, cuya fuerza y cuyos resultados asombran, pero que no tienen de espontáneo sino la apariencia.
Los factores inmediatos son aquellos que superpuestos a dicha prolongada evolución, sin la cual no podrían actuar, provocan la persuasión activa en las masas, es decir: hacen adoptar forma a la idea y la desencadenan, con todas sus consecuencias. Bajo el impulso de estos factores inmediatos surgen las resoluciones que sublevan bruscamente a las colectividades.
Entre los factores lejanos, los hay de índole general, que se encuentran en el fondo de todas las creencias y opiniones de las masas. Se trata de la raza, las tradiciones, el tiempo, las instituciones, la educación. Vamos a estudiar los respectivos papeles que desempeñan.
l. La raza
2. Las tradiciones
3. El tiempo
Mantiene bajo su dependencia a las grandes fuerzas, tales como la raza, que no pueden formarse sin él. Hace evolucionar y morir a todas las creencias. Gracias a él adquieren su poderío y también gracias a él lo pierden.
El tiempo prepara las opiniones y las creencias de las masas.
4. Las instituciones políticas y sociales
La idea de que las instituciones pueden poner remedio a los defectos de las sociedades, de que el progreso de los pueblos resulta del perfeccionamiento de las constituciones y de los gobiernos y de que los cambios sociales se operan a golpes de decretos, se halla aún muy extendida.
Un pueblo no puede, por tanto, cambiar realmente sus instituciones. Será capaz, desde luego, al precio de revoluciones violentas, de modificar el nombre de dichas instituciones, pero el fondo no se modifica.
5. La instrucción y la educación
Entre las ideas dominantes de nuestra época se encuentra en primer plano la siguiente: la instrucción tiene, como resultado cierto, mejorar a los hombres e incluso hacerles iguales. Debido al simple hecho de la repetición, tal idea ha llegado a convertirse en uno de los más inquebrantables dogmas de la democracia. En la actualidad sería tan difícil abordarlo como lo fue antaño criticar los de la Iglesia.
Desde luego, nadie ha sostenido jamás que la instrucción bien dirigida no pueda proporcionar resultados prácticos muy útiles, y aunque no sea para aumentar la moralidad, sirva al menos para desarrollar las capacidades profesionales.
El primer riesgo de esta educación (calificada muy justificadamente como latina) depende de que se basa en un error psicológico fundamental: el de creer que la recitación de manuales desarrolla la inteligencia. Desde un principio se intenta que aprendan al máximo en este sentido y, desde la escuela primaria hasta el doctorado, el joven no hace sino intentar asimilar el contenido de los libros, sin ejercitar jamás su juicio ni su iniciativa. La instrucción consiste para él en recitar y obedecer. Aprenderse lecciones, saberse de memoria una gramática o un compendio, repetir bien, imitar bien -afirmaba un antiguo ministro de Instrucción Pública, Jules Simon, he aquí una educación en la que todo esfuerzo es un acto de fe ante la infalibilidad del maestro y que no tiene por resultado sino rebajarnos y volvernos impotentes.
El Estado, que fabrica a golpe de manual a todos estos diplomados, sólo puede utilizar un reducido número de ellos dejando, forzosamente, a los demás sin empleo. Tiene que resignarse, por tanto, a alimentar a los primeros y a tener por enemigos a los segundos.
Factores inmediatos de las opiniones de las masas:
Las masas son, en cierto modo, como la esfinge de la antigua fábula: hay que saber resolver los problemas que su psicología nos plantea, o resignarse a ser devorado por ellas.
l. Las imágenes, las palabras y las fórmulas
Al estudiar la imaginación de las masas hemos visto que son impresionadas, sobre todo, por imágenes. Si no se dispone siempre de tales imágenes, es posible evocarlas mediante el juicioso empleo de palabras y fórmulas. Manejadas con arte, poseen auténticamente el misterioso poder que les atribuían antaño los adeptos de la magia. Provocan en el alma de las multitudes las más formidables tempestades y también saben calmarlas.
El poder de las palabras está vinculado a las imágenes que evocan. La razón y los argumentos son impotentes frente a determinadas palabras y ciertas fórmulas.
El arte de los gobernantes, como el de los abogados, consiste principalmente en saber manejar las palabras.
2. Las ilusiones
Desde la aurora de las civilizaciones, los pueblos han experimentado siempre la influencia de las ilusiones, y es a sus creadores a quienes se han elevado más templos, estatuas y altares.
Al serles indispensables las ilusiones, se dirigen instintivamente, como el insecto hacia la luz, hacia los líderes que se las ofrecen. El gran favor de la evolución de los pueblos no ha sido jamás la verdad, sino el error.
Las masas no tienen jamás sed de verdades. Ante las evidencias que les desagradan, se apartan, prefiriendo divinizar al error, si el error las seduce.
3. La experiencia
La experiencia constituye casi el único procedimiento eficaz para establecer sólidamente una verdad en el alma de las masas y destruir las ilusiones que se han convertido en demasiado peligrosas. Debe realizarse a escala muy amplia y repetirse con mucha frecuencia. Las experiencias realizadas por una generación suelen ser inútiles para la siguiente y, por ello, no sirven los acontecimientos históricos invocados como elementos demostrativos. Su única utilidad consiste en demostrar hasta qué punto deben repetirse las experiencias de edad en edad para que ejerzan cierta influencia y para lograr eliminar un error sólidamente implantado.
La experiencia más gigantesca ha sido la de la Revolución Francesa. Para descubrir que no puede rehacerse toda una sociedad a base de las indicaciones de la razón pura, fue necesario que muriesen varios millones de hombres y convulsionar a toda Europa durante veinte años.
4. La razón
Ya hemos explicado que las masas no son influenciables mediante razonamientos y que no comprenden sino groseras asociaciones de ideas. A sus sentimientos, pero jamás a su razón, apelan los oradores que saben impresionarlas. Las leyes de la lógica racional apenas ejercen acción sobre ellas17. Para vencer a las masas hay que tener primeramente en cuenta los sentimientos que las animan, simular que se participa de ellos e intentar luego modificarlos provocando, mediante asociaciones rudimentarias, ciertas imágenes sugestivas; saber rectificar si es necesario y, sobre todo, adivinar en cada instante los sentimientos que se hacen brotar.
Los conductores de masas y sus medios de persuasión:
1. Los conductores de masas
Desde el momento en que se reúnen cierto número de seres vivos, ya se trate de una manada de animales o de una multitud de hombres, se sitúan instintivamente bajo la autoridad de un jefe, es decir: de un conductor o líder.
En las masas humanas, el conductor o líder desempeña un papel considerable. Su voluntad es el núcleo en torno al cual se forman y se identifican las opiniones. La masa es un rebaño que no sabría carecer de amo.
Generalmente, los conductores de masas no son hombres de pensamiento, sino de acción. La multitud escucha siempre al hombre dotado de una fuerte voluntad, ya que los individuos reunidos en masa pierden toda voluntad, se tornan instintivamente hacia aquel que la posee.
En toda esfera social, desde la más alta hasta la más baja, en cuanto el hombre no está aislado, cae muy pronto bajo el dominio de un líder.
Dentro de la clase de los líderes puede establecerse una división bastante estricta. En unos se trata de sujetos enérgicos, de fuerte voluntad, pero momentánea; otros, mucho más escasos, poseen una voluntad que es a la vez fuerte y persistente. Los primeros se muestran violentos, bravos, osados.
La segunda categoría de líderes, la de sujetos de voluntad persistente, ejerce una influencia mucho más considerable, a pesar de ser menos brillantes.
2. Medios de acción de los líderes: la afirmación, la repetición, el contagio
Cuando se trata de arrastrar a una masa por un instante y hacerla que cometa un acto cualquiera -saquear un palacio, hacerse matar para defender una barricada-, hay que actuar mediante sugestiones rápidas.
La afirmación pura y simple, desprovista de todo razonamiento y de toda prueba, constituye un medio seguro para hacer penetrar una idea en el espíritu de las masas. Cuanto más concisa sea la afirmación, cuanto más desprovista de pruebas y demostración, tanta más autoridad posee.
3. El prestigio
Si las opiniones propagadas mediante la afirmación, la repetición o el contagio poseen un gran poder, concluyen por adquirir aquel poder misterioso que designamos como prestigio.
El prestigio puede implicar determinados sentimientos, tales como la admiración y el temor, que incluso en ocasiones constituyen su base, pero puede existir perfectamente sin ellos.
El prestigio es en realidad una especie de fascinación que un individuo, una obra o una doctrina ejercen sobre nuestro espíritu. Esta fascinación paraliza todas nuestras facultades críticas y colma nuestra alma de asombro y respeto.
El prestigio desaparece siempre con el fracaso. El héroe que era aclamado la víspera por la multitud es escarnecido por ella al día siguiente, si la suerte no le es propicia. La reacción será incluso tanto más intensa cuanto mayor haya sido el prestigio.
Limites de la variabilidad de las creencias y las opiniones de las masas:
1. Las creencias fijas
Las creencias y las opiniones de las masas forman así dos clases muy distintas. Por una parte, las grandes creencias permanentes, que se perpetúan durante siglos y en las que se fundamenta toda una civilización. Por otra parte existen las opiniones momentáneas y cambiantes, casi siempre derivadas de las concepciones generales que toda edad ve aparecer y morir.
Las grandes creencias generales son muy restringidas en número. Su formación y su desaparición representan los puntos culminantes de la historia de toda raza. Constituyen el auténtico armazón de las civilizaciones.
Se explica, pues, que los pueblos hayan defendido siempre, con intolerancia, sus convicciones. Tal intolerancia, muy criticable desde el punto de vista filosófico, representa una virtud en la vida de las naciones.
2. Las opiniones móviles de las masas
Por encima de las creencias fijas, cuya potencia acabamos de exponer, se encuentra una capa de opiniones, ideas, pensamientos, que constantemente nacen y mueren. La duración de algunas es muy efímera y las más importantes no sobrepasan la vida de una generación.


Tipo: Psicología.
En resumen: Es un libro sobre psicología política y social. No es relacionable con el trading.
Lo que más me ha gustado: Referente al trading, nada. Pero está lleno de perlas políticas.
Lo que menos me ha gustado: No es un libro sobre los mercados.
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