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¡Enséñame la pasta! | Economía | elmundo.es

¡Enséñame la pasta!



Pablo Rodríguez Suanzes | [COLOR=#495664 !important]Madrid
Actualizado miércoles 14/03/2012 17:53 horas


Al inicio de la película 'Jerry Maguire', el agente deportivo del mismo nombre interpretado por Tom Cruise escribe un largo memorándum interno para sus compañeros y jefes titulado: 'Las cosas que sabemos y no decimos: el futuro de nuestro negocio'.




Maguire, una de las jóvenes estrellas de Sports Management International (SMI), sufre un colapso nervioso seguido de un ataque de decencia y pone por escrito lo que todos en su empresa, en el sector, conocen y callan.

Su trabajo, siente, ya no es lo mismo. Ganan muchísimo dinero, sí, pero algo ha cambiado, a peor, y debe ser denunciado. El resultado es conmovedor. Sus amigos le felicitan y sus compañeros le dan palmadas en la espalda. Es el héroe, el hombre íntegro que hace lo que todos hemos soñado alguna vez. Sus jefes, por supuesto, le despiden inmediatamente.

Algo similar parece que es lo que le ha ocurrido a Greg Smith, desde hoy el ex "ejecutivo" de moda de Goldman Sachs. Salvo que en lugar de necesitar 25 páginas para denunciar la corrupción de su negocio le ha bastado una en las páginas de opinión del New York Times.

Smith, como Maguire, lamenta en su artículo la pérdida de las relaciones personales, que el ambiente "es ahora más tóxico y destructivo que nunca" y explica que le "pone enfermo cómo se habla de timar a los clientes".

Se queja de que éstos no son siempre el centro de las decisiones (uno de los deportistas de la película se pregunta por qué su representante nunca le abraza), de que el banco quiere que inviertan en acciones o productos de los que quieren deshacerse como sea y de que los trabajadores de Goldman les "colocan" productos que pueden beneficiar a la entidad, pero no a ellos. Vamos, lo que es un banco de inversión, un banco o, en cierto modo, casi todo negocio en el mundo real. Triste, pero no raro.

De hecho, Don Draper, personaje de Mad Men, tiene una escena de "dimisión" sorprendentemente similar.
Greg Smith, el nuevo Alessio Rastani, no quiere ser partícipe de todo ello. O bueno, no durante más tiempo porque ha dedicado casi toda su carrera a Goldman.
Prudentemente, Smith ha esperado a marzo, cuando los bonus del sector ya han sido debidamente pagados, para presentar su dimisión. Y precisamente éste, según fuentes del Wall Street Journal, podría haber sido uno de los motivos del arrebato.

Smith ocupaba el cargo de "director ejecutivo de la firma y jefe del negocio de derivados en Europa, Oriente Medio y ?frica", rimbombante pero equivalente al de vicepresidente (en el contexto de banca de inversión, no de una empresa normal en el que sería el número dos). Es decir, un cargo compartido por 12.000 colegas de Goldman Sachs por todo el mundo.

En noviembre del año pasado, por ejemplo, la firma ascendió a nada menos que 261 personas al cargo de Managing Director (sólo un peldaño por debajo del cargo de 'partner'). Y fue la cantidad más baja desde 2008. En 2010, en lo peor de la crisis, habían sido 321.
Es difícil calcular el sueldo de Smith, pero podría estar como mínimo entre los 250.000 y el millón de euros anual, según algunas estimaciones. Y si se tiene en cuenta que hace unos meses se recortaron los sueldos de los vicepresidentes de la firma y que tras 12 años de carrera Smith no había sido ascendido todavía a Managing Director, quizás se pueda completar mejor el origen de su ataque de sinceridad.

De hecho, los sueldos están cayendo o han caído en el sector en general. Y más rápido de lo que se piensa.
Ojo. Es cierto que Smith podría creer genuinamente lo que dice y haber recibido una bofetada de decencia súbita, pero es más difícil creer en el Goldman Sachs que añora, el 'Et in arcadia ego' de sus inicios, se corresponda con la realidad.

Es cierto que existe, incluso en Wall Street, la creencia de que la época dorada de la banca de inversión ha quedado atrás. Que se ha pasado de los años de 'egoísmo a largo plazo' al 'egoísmo a corto plazo' y del hacer dinero con los clientes a sacarlo de ellos .
Pero el cambio no ha sido de un día para otro. Y Smith, si cree en lo que denuncia, ha sido cómplice, aunque no haya un 'mea culpa' en su "artículo de despido". ¡Si hasta presume de haber salido en los vídeos de reclutamiento de la compañía!

El dinero le llamó durante más de una década. Algo que destacan los profesionales de la banca de inversión. Tanto los que ironizan desde hace horas por no haber sido "cazados como elefantes" como los que (con cinismo o sin él) se preguntan en voz alta si a alguien le sorprende que el personal de la banca de inversión no esté formado por angelitos.

Las denuncias sobre la firma, así como sobre todo el sector, han sido una constante desde hace años. Imborrables son las palabras del senador Carl Levin, presidente del subcomité de investigación permanente del Senado. En abril de 2010, Levin, durante la comparecencia de Daniel Sparks, director de la división de préstamos hipotecarios de Goldman Sachs, se puso muy agresivo y, evocando un email interno de la compañía de 2007, preguntó a Sparks "¿Cuántos de estos 'negocios de mierda' ha vendido a sus clientes?".

¿Todo lo que ha ocurrido a esta hora no le pareció motivo de renuncia a Smith? Una interpretación malévola podría ser que si renuncia ahora es porque no tiene cargo de conciencia por todo lo que vio y en lo que participó desde el año 2000.
Los clientes de Goldman, los clientes de Smith, querían ganar dinero. Smith quería ganar dinero y durante 12 años hizo, y muy bien por lo que parece. Porque el dinero es lo que mueve Wall Street. Si una escena de Jerry Maguire pasará a la posteridad es precisamente la de Tom Cruise y Cuba Gooding Jr. A kilómetros de distancia, gritando a pleno pulmón lo mismo: "Enséñame la pasta". Y no, no es casualidad.

Por cierto, Maguire, en ese momento de la película, ya era de los "buenos".


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